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Nació en 1591, Luisa fue hija ilegítima y nunca supo quién fue su madre, pero fue reconocida y cuidada por su padre, miembro de la aristocracia francesa. Cuando su padre se casó, Luisa pasó un tiempo difícil ya que fue enviada a estudiar interna a un convento dominicano donde estaba su tía religiosa. Esta experiencia agudizó en ella su carácter reflexivo, sus grandes cualidades intelectuales, así como su deseo de ser religiosa. Cuando su padre murió y los recursos económicos eran limitados, vivió en una pensión dónde tuvo la oportunidad de aprender muchas tareas domésticas y de organización.
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Luisa se casó con Antonio Le Gras, secretario de la Reina de Francia, pero su felicidad matrimonial fue efímera debido a la precaria salud de su esposo. Como dama joven, Luisa viajó y se relacionó con la realeza y la aristocracia de Francia, pero se sentía igualmente cómoda con los pobres, cualquiera que fueran sus desesperadas situaciones. Tuvo un papel directivo en las Damas de la Caridad, organización de mujeres ricas dedicadas a ayudar a los pobres.
El sufrimiento no estuvo nunca lejos de Luisa. Durante los disturbios civiles, sus dos tíos, que desempeñaban altos cargos en el gobierno, fueron encarcelados. Uno fue ejecutado públicamente y el otro murió en prisión. En 1623, cuando la enfermedad azotaba a Antonio que murió en 1625, la depresión se estaba apoderando de Luisa. Durante la oración, Luisa tuvo una visión en la que se vio sirviendo a los pobres y viviendo los votos religiosos en comunidad. |
Luisa escribió esta "luz" en un pergamino y la llevaba consigo como un recordatorio de que, a pesar de sus dificultades, Dios guiaba su vida. En esa visión se le apareció un sacerdote, a quien ella identificó después como Vicente de Paúl, su futuro confidente y colaborador en el servicio.
En 1629, Vicente de Paúl que en 1625 había fundado la Congregación de la Misión (Paúles), invitó a Luisa a ayudarle con las Cofradías de la Caridad en las parroquias de Francia. Estas tareas fueron terapéuticas y formativas para su futuro trabajo y el de la familia Vicenciana. Luisa visitaba los lugares donde se prestaban servicio las Hermanas y las voluntarias de la Caridad para asegurarse de la calidad del servicio que se ofrecía; revisaba las cuentas, hacía informes y animaba a las trabajadoras y voluntarias a ver a Cristo en aquéllos a quienes servían.
A través de este trabajo, Luisa obtuvo un conocimiento profundo de las necesidades de los pobres, desarrolló sus cualidades innatas de dirección y buscó estructuras eficaces para el servicio. El 29 de noviembre de 1633 empezó, en su propia casa, a preparar a las jóvenes para atender a las necesidades de los pobres y lograr el apoyo de vivir juntas. De este principio humilde surgió la comunidad de las Hijas de la Caridad. Luisa aportó liderazgo y dirección experta al desarrollo de la red de servicios que ella y Vicente iniciaron.
Luisa, que murió el 15 de marzo de 1660, sólo unos meses antes de Vicente de Paúl, fue proclamada Santa por la Iglesia en 1934. En 1960 el Papa Juan XXIII la proclamó Patrona de todos los Trabajadores Sociales. Como esposa, madre, maestra, enfermera, trabajadora social y fundadora, Luisa es un modelo para todas las mujeres. Hoy vive en las 21.000 Hijas de la Caridad que sirven a lo largo del mundo, así como en sus muchos colaboradores.
COLABORADORES Y AMIGOS
Vicente y Luisa, juntos, dirigieron las Cofradías de la Caridad y a las Hijas de Caridad. Juntos descubrieron la llamada de los más necesitados de su tiempo. Eran muy distintos, pero su colaboración es testimonio de lo que pueden hacer dos personas animadas por un profundo amor a Dios y al prójimo.
Sigue...
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