Hijas de la Caridad en la ONU

Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul trabajan en las Naciones Unidas para influir en las políticas que afectan a las personas que sufren pobreza, injusticia, sufrimiento o exclusión. Su servicio las llama a involucrarse en temas como la falta de vivienda, el tráfico de personas, la erradicación de la pobreza, las preocupaciones indígenas, el cambio climático, la migración y más. Al igual que la Comunidad, las Naciones Unidas se comprometen a "no dejar a nadie atrás". A través de esta serie de documentos mensuales, esperamos mostrar vínculos entre las perspectivas de las Naciones Unidas, la Comunidad y la Iglesia sobre temas de importancia y estimular la reflexión o la acción sobre ellos.
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La pregunta es: ¿Hemos abrazado estas diferencias? ¿O hemos ignorado o tratado de moldear al "otro" que está entre nosotros en algo más familiar?

Al abordar la idea de que vivimos en la presencia consciente de la diferencia, Cecile Meijer, RSCJ nos recuerda que: "La presencia de Dios en toda la creación no sólo se repite una y otra vez en las Escrituras, sino que este soplo vital de Dios ha estado sosteniendo la energía a lo largo de nuestra historia humana". Thomas Merton enuncia esta realidad del Dios Interior con estas palabras "Dios ha puesto, por decirlo así, algo de la bondad divina en todo. Hay chispas sagradas en todos los seres creados. La tarea humana es ver estas cosas y liberar las chispas divinas en la creación mediante la alabanza, el amor y la alegría".

Meijer, defensora y educadora minuciosa, afirma: "El respeto a cada ser humano y organismo del planeta Tierra -personas, animales, plantas, etc. - como el hogar de Dios rompe los muros y los prejuicios. A lo que se reduce es a la comprensión de que si Dios vive en mí, entonces Dios vive igualmente en mi vecino y en todo lo que respira, todo lo que existe".

Esta toma de conciencia tiene enormes implicaciones. Por ejemplo, como cristianos se nos invita continuamente a hacer sitio a Dios, a ensanchar nuestras tiendas, por así decirlo.

Pero si Dios vive igualmente en otras personas, ¿no significa esto que estamos llamados a hacer posible que otras personas ensanchen sus tiendas viviendo con más dignidad? ¿No nos desafía esto a trabajar por el cambio estructural para que las crecientes desigualdades dentro, y entre países, puedan ser abordadas? (Cecile Meijer, "The Indwelling Presence on our World, It is good for us be here, Xlibris, 2015, p.8).

Lamentablemente, en los últimos años, nuestro mundo ha sido testigo y ha experimentado un endurecimiento del discurso en el ámbito político. Demonizar al "otro", en lugar de discrepar civilizadamente e intentar llegar a un consenso mediante el compromiso, se ha convertido en la norma. ¿Cómo podemos educarnos e invitarnos unos a otros a cambiar nuestro pensamiento de "zona segura" y caminar hacia el "otro", adoptando el concepto de unidad y la comprensión de que todos estamos juntos en esto?

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