Transformar vidas

«Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos. (EG 48)

Al mirar las realidades que nos rodean, experimentamos nuevas formas de pobreza a las que, como herederos de San Vicente, tratamos de responder con creatividad y audacia.

En Curitiba y en la región metropolitana, en nuestras idas y venidas, en nuestras visitas domiciliarias, institucionales y en los encuentros informales, nos ha tocado profundamente la situación de personas en situación de extrema vulnerabilidad y riesgo. La cercanía a ellos nos llevó a compartir la esperanza de días mejores. Redescubrimos en las personas que viven en las tiendas de campaña, en las calles, en las periferias, en la cárcel, en viviendas improvisadas en asentamientos ilegales, corazones totalmente abiertos a acoger lo nuevo, a reinventarse y a empezar de nuevo a pesar de los innumerables obstáculos y dificultades de sus vidas.

Los duros castigos infligidos por la pobreza, agravada por la situación sanitaria actual, la violencia y las notorias desigualdades sociales perpetuadas en nuestro país, nos impulsan a continuar, con determinación, el camino iniciado con quienes compartimos nuestras vidas, nuestra fe y nuestros sueños. ¿Quiénes son? Son los hombres y mujeres que viven en la calle, los que luchan por una vivienda en asentamientos ilegales, los desempleados, las mujeres privadas de libertad, los migrantes; en definitiva, adultos, jóvenes y losadolescentes vulnerables y/o están expuestos a diversos riesgos sociales, las víctimas de la discriminación y cuya dignidad ha sido dañada.

Con el apoyo y la subvención del Proyecto de Misiones de la Casa Madre, además de la ayuda de la Provincia de Curitiba y la participación activa de las Hermanas de cinco comunidades locales, vislumbramos la posibilidad de ir más allá de la atención de emergencia a las personas que acompañamos y a invertir en nuevos aprendizajes y reflexiones, así como en la participación comunitaria. 

A partir del interés y de las necesidades expresadas por las personas que espontáneamente buscaron participar en los grupos previamente formados, se establecieron propuestas de cursos orientados a la adquisición de nuevos conocimientos, a la mejora de la socialización, a la experiencia de la solidaridad y a la posibilidad de generar ingresos. Los cursos ofrecidos, de carácter itinerante, han tenido y siguen teniendo un buen arraigo porque se realizan allí donde está la población interesada.

El enfoque en aprendizaje o perfeccionamiento se dirige a varias áreas: cursos de cuidado personal, peluquería, manicura y pedicura; también se ha puesto a su disposición estética facial y maquillaje con nuevas técnicas y tendencias. Además tienen cabida otras formaciones prácticas como el servicio doméstico, la repostería, la cocina, la costura, la pintura en tela y los talleres de música y arte, que responden al interés manifestado por un buen número de participantes, en su mayoría mujeres.

Al final de cada curso, se reúnen todos los grupos para la entrega de un certificado de participación y celebrar e interiorizar las experiencias vividas.

Los relatos, llenos de gratitud, son testimonios sinceros de vidas transformadas y de fortalecimiento de los lazos comunitarios que confirman que los objetivos fueron alcanzados. Parafraseando al Santo de la Caridad, San Vicente de Paúl, todos nosotros, amigos, participantes del curso, colaboradores, simpatizantes y las Hermanas directa e indirectamente involucradas en esta iniciativa decimos ¡Bendito sea Dios, hijos e hijas míos!

Cleonice Regina Claudino y Sor Vanilza Maria Bueno

(Por el equipo de coordinación del proyecto)

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