¡No podemos guardar silencio! De la “tirita” al apoyo: ¿un nuevo movimiento en concienciación?

(Parte 2)

Cuando reflexionamos y “hacemos nuestro” el diálogo de María con Isabel y el intercambio mutuo entre las dos mujeres, comienza a emerger una nueva energía llena de posibilidades.

El camino de María cruzando la frontera y la preocupación por el bienestar de Isabel se extendieron mucho más allá de su propio círculo inmediato. La Visitación no es el retrato de una madre retraída que se queda en casa. En su canto de saludo, el Magnificat, María, la Madre de Dios embarazada, articula y celebra la dispersión de los orgullosos, el derrocamiento de los poderosos y el enaltecimiento de los humildes. Como su hijo lo hace en las Bienaventuranzas, ella no solo bendice a los pobres y promete alimentar a los hambrientos, sino que también predice tiempos estériles para los ricos, que serán despedidos con las manos vacías. María desafía los sistemas injustos y expresa su preocupación por la persona humana empobrecida.

Al reflexionar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el espíritu del encuentro de la Visitación, la invitación es clara… Colaborar para el Cambio Sistémico Global nos invita a promover la sabiduría de todas las culturas y tradiciones mediante la promoción de una llamada a:

  • La ciudadanía global
  • Participar en los movimientos de la separación a la comunión facilitando la comunión entre las tradiciones religiosas del mundo.
  • Tener conversaciones comprometidos y mutuamente responsables.
  • Asociarse con otros y compartir recursos para participar en colaboración en servicios de cambio sistémico global.

Al afrontar las realidades que nos desafían y los obstáculos que nos paralizan, recurrimos a la Palabra de Dios en busca de luz y coraje al para hacer frente a los problemas de nuestro tiempo, agravados por un virus fuera de control que asola al mundo. El encuentro de la Visitación tiene muchas lecciones para nosotros. Un auténtico compromiso con la reflexión y el diálogo conducirá a la formación de las personas vulnerables, incluidos nosotros mismos. Es una invitación a una nueva sensibilidad y enfoque para captar mejor “los gritos de la tierra y de la gente”. Cuando escuchamos bien estos gritos, sentimos la urgencia de actuar y escucharemos el grito de Dios en todo lo que está herido, amenazado o excluido. Si respondemos a estos gritos juntos nos abriremos a nuevos caminos de esperanza.

Pero, ¿cómo llegamos a este punto? Como vimos anteriormente, hay muchas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) en las Naciones Unidas, incluidas muchas Congregaciones que han invertido importantes recursos para tener un representante en este espacio donde se observa el latido del corazón del mundo. Por ejemplo, la mayoría de las mujeres y hombres que representan a sus Congregaciones tienen antecedentes como maestros capacitados, abogados, activistas comunitarios y trabajadores de la salud, con experiencia en múltiples ministerios enfocados al empoderamiento de las personas. A medida que las congregaciones de todo el mundo se encuentran con la realidad de tener menos miembros nuevos y el cuidado de nuestros frágiles ancianos tiende a convertirse en un enfoque dominante, todos estamos comenzando a darnos cuenta de que nuestros enfoques de “tirita” para las necesidades de los más vulnerables son justo eso. Como dijo muy bien una hermana veterana perteneciente a una ONG: “Las necesidades seguirán siendo mucho mayores de lo que nunca podremos abordar y cada vez más nuestras hermanas y hermanos se empobrecerán a menos que abordemos el problema de las estructuras que crean los abismos cada vez más profundos entre los ‘que tienen’ y los ‘que no tienen‘”. (Joan Burke, SNDdeN, “Beyond Plumbing! Long term Engagement,” It is Good for Us to be Here, Xlibris, 2015).

Cuando nos escuchamos y hablamos como lo hicieron María e Isabel, llegamos a comprender la dinámica de la interdependencia. Esto crea una actitud de reciprocidad y, en consecuencia, de dejar de lado el concepto de que somos expertos en todos los campos, de que colmamos a otros con nuestros conocimientos o habilidades mientras que esos otros tienen poco, si es que tienen algo, que ofrecernos a cambio. Un espíritu de interdependencia y diálogo nos anima a escuchar, no solo las palabras, sino también las actitudes, los gestos y el silencio.

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