En primera línea en la lucha contra el COVID-19

Mientras el mundo entero lucha contra la pandemia de Covid-19, estamos llamadas a responder de manera creativa a las necesidades emergentes y, abandonando el miedo por la propia vida, ayudar a los más necesitados.

Recientemente, el Alcalde de uno de los lugares donde están presentes las Hijas de la Caridad, pidió ayuda en el Hogar para personas mayores dirigido por laicos. La situación era muy difícil: 78 residentes del Hogar tenían coronavirus. Casi todo el personal estaba infectado y, de acuerdo con las normas sanitarias polacas, tuvieron que someterse a aislamiento en sus propios hogares. Tres Hijas de la Caridad y dos Hermanas Franciscanas fueron para a prestar servicio.

Una de las Hermanas cuenta: “Hicimos prácticamente de todo, desde la limpieza hasta el cuidado e higiene, pasando por la asistencia preventiva y médica y, sobre todo, el acompañamiento a estas personas. Sentimos su ansiedad, miedo y necesidad de cercanía; aunque no siempre eran capaces de comunicarse, en sus ojos era evidente que tenían miedo, que no sabían lo que estaba pasando. Había personas de diferentes edades, incluidos los muy ancianos y discapacitados física e intelectualmente. Después de un tiempo, nos iban reconociendo, ya sea por nuestra voz o por la forma de nuestras gafas. En todo este sufrimiento, y a pesar de él, sentimos su empatía. Intentamos, todo lo posible, estar con los que estaban a nuestro cargo. Todos los días rezábamos con ellos el rosario y la coronilla a la Divina Misericordia. La Sagrada Eucaristía no se celebraba porque el sacerdote también estaba infectado y nadie de fuera podía entrar en la Residencia. Lo que fue muy difícil era cambiarse de ropa varias veces; nos poníamos los monos protectores y caminábamos con el uniforme completo durante 12-19 horas al día».

Soledad y nostalgia: estos son los sentimientos que se despertaron en el corazón de quienes estaban al cuidado de las Hermanas, lejos de sus familiares, encerrados en un edificio, inciertos del mañana. Estos sentimientos fueron especialmente agudos cuando algunos residentes fueron «a la casa del Señor». Solo unas horas después de la llegada de las Hermanas al Hogar, la Sra. Kazimiera y el Sr. Janek pasaron de la vida en la tierra a la eternidad. Las Hermanas los acompañaron con la oración en este momento difícil y el personal también se les unió. El gerente dijo: «Toda su vida, la Sra. Kazimiera participó de los sacramentos y el día que partió hacia el Señor, Él le concedió la gracia de la presencia de las Hermanas que rezaron con ella la Coronilla a la Divina Misericordia en sus últimos momentos en la tierra».

Durante las comidas, tenían conversaciones enriquecedoras y cercanas con el personal que, en su gran esfuerzo y profunda preocupación, dieron testimonio de verdadera dedicación y amor al prójimo. Fue también un momento de prueba para ellos: dejaron a sus familias para cuidar a los enfermos y se quedaron junto a sus camas, día y noche. Sus familiares llegaban a la puerta del Hogar y colgaban caramelos y dulces. Muchas personas y comunidades apoyaron el servicio de las Hermanas y el personal con sus oraciones, lo que fue una fuente de fortaleza para ellas y para quienes estaban bajo su cuidado en esos momentos difíciles.

Actualmente, todos los residentes están sanos y los miembros del personal han regresado al trabajo. Las Hermanas que sirvieron en este Hogar/Residencia tienen profundamente grabadas en sus corazones las palabras de San Pablo: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta» (Fil 4, 13).

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